De acuerdo con las cifras divulgadas por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane), Colombia registró una variación trimestral del PIB de 2,6%, ocupando el quinto lugar entre las economías del bloque. Este resultado la ubicó por detrás de Polonia (3,6%), España (2,6%), Lituania (2,5%) y República Checa (2,4%), y por delante de varias economías desarrolladas.
El desempeño colombiano superó ampliamente a países como Suecia (1,7%), México (1,6%), Corea del Sur (1,5%) y el conjunto de la Unión Europea (1,5%). El contraste fue aún más marcado frente a Francia (1,1%), Reino Unido (1,0%), Italia (0,8%), Austria (0,7%), Canadá (0,6%), Hungría (0,5%) y Alemania, que registró apenas un crecimiento de 0,4% en el mismo periodo.
Aunque el dato anual no alcanzó las expectativas de algunos analistas, el resultado evidenció la resiliencia de la economía colombiana en un entorno internacional complejo. El Dane atribuyó el buen comportamiento a la fortaleza de la demanda interna, en particular al gasto de los hogares, así como al desempeño destacado de sectores como administración pública, defensa, comercio y, especialmente, actividades de arte, entretenimiento y recreación.
Según explicó la directora del Dane, Piedad Urdinola, la realización de eventos masivos y conciertos con llenos totales en las principales ciudades del país contribuyó de manera decisiva al dinamismo económico durante el cierre del año. La recuperación y expansión de las actividades culturales marcó una tendencia relevante en el patrón de consumo.
De hecho, el componente cultural se consolidó como uno de los motores más llamativos del crecimiento. Desde la pandemia, los colombianos han incrementado su gasto en recreación y cultura, hasta el punto de que este rubro desplazó a los juegos de azar en términos de aporte al PIB. Al finalizar 2025, el gasto en estas actividades se posicionó como el principal componente del consumo de los hogares, reflejando cambios en las prioridades y hábitos de la población.
Otra señal positiva provino del Indicador de Seguimiento a la Economía (ISE), que cerró el año con un aumento de 2,66%, superando el 1,6% registrado en el periodo anterior. Este indicador acumuló 19 meses consecutivos de crecimiento, consolidando una tendencia ascendente que sugiere estabilidad y recuperación gradual de la actividad productiva.
No obstante, las cifras también abrieron espacio para el debate entre expertos sobre los desafíos pendientes. La formación de capital registró una caída de 2,9% en el periodo, rompiendo una racha de seis trimestres consecutivos al alza, principalmente por la disminución en los registros de vivienda en varias ciudades.
Algunos analistas cuestionaron la sostenibilidad del crecimiento en estas condiciones. El exministro de Hacienda José Manuel Restrepo expresó que el resultado podría no ser sólido en el largo plazo si no se fortalecen las condiciones para la inversión privada, señalando la necesidad de revisar políticas tributarias y regulatorias para impulsar sectores estratégicos.
Desde centros de investigación económica también se destacó el cambio en la dinámica entre el gasto público y el privado. Mientras el sector privado creció 1,8% durante 2025, el gasto público aumentó con mayor fuerza, lo que llevó a advertencias sobre posibles efectos de desplazamiento de la inversión.
Otras voces subrayaron el reto de elevar la tasa de inversión por encima del 20% del PIB para asegurar un crecimiento sostenido que permita cerrar brechas sociales, así como la necesidad de fortalecer la industria nacional, cuya participación en la economía sigue mostrando rezagos.
Pese a estos desafíos, el balance del cierre de 2025 dejó indicadores alentadores. El posicionamiento de Colombia entre las economías de mayor crecimiento dentro de la Ocde, el dinamismo del consumo interno y la consolidación del sector cultural como motor económico reflejan una economía que, aunque enfrenta retos estructurales, mantiene capacidad de expansión y adaptación.
Las cifras ponen de relieve que la demanda interna continúa siendo un pilar clave del desempeño económico, al tiempo que muestran el potencial de sectores emergentes para diversificar las fuentes de crecimiento. En este contexto, el debate se centra ahora en cómo capitalizar estas fortalezas para consolidar una senda sostenible de desarrollo en los próximos años.

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