Trump y Putin definen el futuro de la guerra entre Ucrania y Rusia en cumbre privada en Alaska


En la base militar de Elmendorf-Richardson, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el líder del Kremlin, Vladimir Putin, se reunieron en privado para debatir el curso futuro de la guerra en Ucrania, en una cumbre que ha generado inquietud tanto en Kyiv como entre los aliados europeos.

Este primer contacto cara a cara entre ambos mandatarios desde la reelección de Trump en 2024 marca un punto crítico en la diplomacia global. Trump apuesta a fortalecer su imagen como pacificador, mientras Putin busca consolidar sus avances y minar las aspiraciones occidentales de Ucrania.

El encuentro, concebido como una jugada diplomática de alto riesgo, excluye deliberadamente de la mesa al presidente ucraniano Volodímir Zelenskyy, lo que ha encendido alarmas en Europa sobre un posible trato desfavorable para Kyiv. A pesar de esta omisión, Trump ha sugerido que, de concretarse avances, podría convocarse una posterior reunión tripartita con la presencia de Zelenskyy. 

Estados Unidos insiste en que Ucrania debe estar involucrada en cualquier proceso que implique ceder territorio, al tiempo que se plantean posibles garantías de seguridad para Kyiv. Trump ha apuntado a un alto el fuego inmediato, mientras Putin llega con mapas y argumentos que minimizan la legitimidad de Ucrania como Estado y reivindican territorio como históricamente ruso.

La cumbre, rodeada de protestas en Anchorage y observada con cautela por líderes europeos, se perfila como una prueba de fuego para el resquebrajado orden transatlántico. El desenlace podría redefinir la guerra en Ucrania —ya sea mediante un congelamiento del conflicto o como un paso hacia un armisticio más ambicioso—, en una dinámica de diplomacia donde Ucrania debe estar presente para que la paz sea legítima y duradera.


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