Bogotá, junio 2025 — Un titular contundente sacudió recientemente el debate político en Colombia: “El terrible presidente de Colombia se desespera”, publicó la revista The Economist, desatando una oleada de reacciones en el país y más allá de sus fronteras. La publicación británica, reconocida por su enfoque liberal clásico y análisis geopolítico, realizó un diagnóstico lapidario sobre el tercer año de mandato de Gustavo Petro, enfocándose en su estilo de confrontación, el estancamiento de reformas clave y una posible deriva hacia cambios institucionales de fondo.
El artículo retrata a un mandatario aislado políticamente, enfrentado al Congreso, con relaciones tensas con las altas cortes y enfrentando un visible desgaste. Si bien Petro llegó al poder con una narrativa de transformación y justicia social, The Economist argumenta que sus principales reformas —la de salud, la pensional y la laboral— han naufragado por su propia estrategia: presión constante, discurso incendiario y escasa construcción de consensos.
Uno de los puntos más sensibles abordados por la revista es la insistencia del mandatario en convocar una eventual asamblea constituyente. El texto sugiere que esta idea surge como una vía para sortear los límites institucionales que han frenado su agenda, encendiendo alarmas en sectores que temen una erosión del orden democrático.
La crítica va más allá de lo político. The Economist también advierte sobre señales de debilidad económica, incertidumbre jurídica para la inversión privada y un entorno institucional crispado. Para algunos analistas, esta visión desde el exterior podría impactar la confianza internacional en el país, justo cuando Colombia necesita atraer capital, impulsar crecimiento y mantener la estabilidad fiscal.
Desde el Gobierno, la respuesta ha sido el silencio, mientras en redes sociales crecen las posturas polarizadas: unos celebran la crítica como una alerta legítima; otros la desestiman, acusando a la revista de estar alineada con intereses económicos que se oponen a cualquier reforma estructural en América Latina.
En todo caso, la crítica de The Economist marca un punto de inflexión. A falta de año y medio de mandato, el presidente Petro enfrenta no solo los retos internos de gobernabilidad, sino también un creciente escrutinio internacional sobre la dirección de su gobierno.
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