Hipopótamos traídos oor Pablo Escobar siguen expandiéndose en Colombia y encienden alertas ambientales y de seguridad


Décadas después de la muerte de Pablo Escobar, una de las herencias más insólitas de su imperio criminal continúa generando preocupación en Colombia. Durante su auge, el narcotraficante instaló en la Hacienda Nápoles, en Puerto Triunfo (Antioquia), un zoológico privado con especies traídas de distintos continentes. Entre ellas había cuatro hipopótamos que, tras la caída del capo y la intervención estatal en el predio, quedaron sin control y comenzaron a reproducirse.

Con el paso del tiempo, aquellos tres ejemplares hembra y un macho se multiplicaron hasta conformar una población que hoy supera los 150 individuos. Este crecimiento ha tenido consecuencias directas en los ecosistemas del Magdalena Medio y ha encendido alarmas por el riesgo que representan tanto para la biodiversidad como para las comunidades humanas de la región.

A pesar de la magnitud del problema, el Estado colombiano enfrenta serias limitaciones para manejar la situación. La posibilidad de sacrificar a los animales genera debates éticos y rechazo social, mientras que las estrategias de esterilización resultan complejas y costosas, especialmente cuando se trata de ejemplares que viven libres en ríos, humedales y zonas rurales de difícil acceso.

Expansión territorial y nuevas alertas

La naturaleza territorial de los hipopótamos y su condición de especie invasora han provocado su desplazamiento hacia otros departamentos. Algunos machos abandonan el área de influencia de la Hacienda Nápoles en busca de alimento y espacios donde no haya presencia de animales de mayor tamaño.

En febrero de 2026, autoridades y habitantes reportaron avistamientos de estos mamíferos en zonas rurales de Barrancabermeja, Santander, a más de 200 kilómetros de su punto de origen. El hecho generó alarma por el riesgo potencial para la fauna, la flora y la seguridad de las comunidades locales.

Los animales se desplazaron a través de ecosistemas ribereños del Magdalena Medio y alcanzaron áreas sin barreras naturales que limiten su movilidad. Su presencia cerca de humedales, fincas e incluso escuelas incrementó la preocupación. Además, residentes reportaron huellas de diferentes tamaños, lo que sugiere la posible existencia de más ejemplares, incluyendo una hembra con crías.

Impactos ambientales y sociales

Expertos advierten que la expansión de estos animales representa una amenaza creciente. Jorge Torres, docente de gestión ambiental de la Universidad Politécnico Grancolombiano, explicó que las consecuencias no se limitan al riesgo físico, sino que incluyen alteraciones profundas en los ecosistemas.

Según el especialista, un hipopótamo puede vivir hasta 45 años y su gran tamaño genera impactos significativos en el agua y el entorno. Sus movimientos alteran ríos, quebradas y humedales, mientras que la materia orgánica que liberan afecta la composición y calidad del agua.

Además, su presencia modifica la distribución y el comportamiento de especies nativas. Animales como nutrias o manatíes, que habitan las mismas zonas, pueden verse desplazados o afectados por la competencia y los cambios en el entorno. Esto implica riesgos de pérdida de biodiversidad y transformaciones ecológicas a largo plazo.

La expansión también incrementa la posibilidad de conflictos con comunidades locales. Los hipopótamos pueden causar daños en cultivos, poner en riesgo al ganado y generar situaciones peligrosas para las personas, con impactos económicos y sociales.

Un problema complejo y costoso

El control de la población enfrenta obstáculos financieros y técnicos. Torres señaló que la esterilización quirúrgica de cada ejemplar puede costar alrededor de 40 millones de pesos, lo que dificulta aplicar esta estrategia a gran escala. Otra opción, la eutanasia, ha sido considerada, pero sigue generando controversia pública por sus implicaciones éticas.

Ante este panorama, los expertos coinciden en que cualquier decisión requiere respaldo político, financiación sostenida y acciones rápidas. De lo contrario, advierten, el crecimiento de la población continuará y los impactos ambientales y sociales serán cada vez mayores.

La historia de los hipopótamos introducidos por Escobar ilustra cómo decisiones del pasado siguen teniendo repercusiones décadas después. Hoy, Colombia enfrenta el desafío de gestionar una especie invasora que continúa expandiendo su territorio y que amenaza con alterar de manera irreversible los ecosistemas que ha colonizado.


Publicar un comentario

0 Comentarios