Experto alemán advierte que inundaciones como las de Córdoba podrían repetirse en Colombia


Más de 120.000 personas damnificadas, 24 de los 30 municipios inundados y extensas áreas agrícolas y viviendas destruidas configuran el panorama que enfrenta el departamento de Córdoba tras las intensas lluvias que azotaron el norte de Colombia en las últimas semanas. La magnitud de la emergencia ha obligado a desplegar operativos de evacuación y atención humanitaria mientras los ríos San Jorge, Sinú y Canaletes continúan desbordados, complicando las labores de rescate y asistencia.

Según el gobernador Erasmo Zuleta, el impacto alcanza cerca del 80 % del territorio departamental, afectando tanto zonas rurales como urbanas. “Todo el departamento está afectado”, afirmó, al subrayar la gravedad de una situación que ha alterado la cotidianidad de miles de familias. Por su parte, el director de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), Carlos Carrillo, precisó que más de 40.000 hectáreas permanecen bajo el agua y que se han reportado víctimas fatales, aunque sin detallar cifras exactas.

La alerta se mantiene activa debido a que el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) advierte que las lluvias podrían intensificarse en los próximos meses, coincidiendo con la temporada invernal habitual de marzo y abril. En este contexto, la pregunta que surge entre autoridades y ciudadanos es si desastres de esta magnitud pueden prevenirse o, al menos, mitigarse.

Para entender los desafíos que plantea esta crisis, algunos especialistas han puesto la mirada en experiencias internacionales como la inundación del valle del Ahr, en Alemania, ocurrida en julio de 2021. Aquel episodio, provocado por lluvias torrenciales asociadas al sistema de baja presión “Bernd”, dejó 134 muertos en esa región y se convirtió en el desastre natural más mortífero reciente del país europeo.

Johannes Jung, subinspector de Control de Incendios y Desastres del distrito de Ahrweiler y testigo directo de aquella catástrofe, observa con preocupación lo que ocurre en Córdoba. “No les tengo buenas noticias porque, con el calentamiento global, lloverá cada vez más y más fuerte”, advirtió. En Alemania, las precipitaciones alcanzaron hasta 150 milímetros en menos de 18 horas sobre suelos saturados, generando una crecida súbita que superó las previsiones oficiales.

Las consecuencias fueron devastadoras: carreteras y puentes destruidos, vías férreas arrasadas y más de 9.000 viviendas afectadas. En la localidad de Altenahr, el nivel del agua llegó a 10,2 metros, casi el doble de lo anticipado por los modelos meteorológicos un día antes. Para Jung, este antecedente demuestra que incluso sistemas de emergencia robustos enfrentan limitaciones ante fenómenos extremos.

Tras la tragedia, Alemania impulsó proyectos para reducir riesgos, como la construcción de grandes depósitos de contención en la parte alta de los ríos. Sin embargo, el experto advierte que estas soluciones requieren inversiones millonarias y décadas de ejecución, además de no ser replicables en todos los territorios. “No se puede proteger cada valle; hay límites estructurales y financieros”, explicó.

Más allá de la infraestructura, Jung enfatiza que la clave está en la anticipación. Los sistemas de alerta temprana pueden marcar la diferencia entre la vida y la muerte, pero dependen de la capacidad tecnológica y del tiempo disponible para reaccionar. “Si tuviéramos dos o tres días de aviso, se podrían salvar vidas. Pero en muchos casos solo hay horas, y eso hace casi imposible evacuar con seguridad”, señaló. A su juicio, el avance de herramientas como la inteligencia artificial podría mejorar la precisión de los pronósticos en el futuro, aunque por ahora el margen de reacción sigue siendo limitado.

Otra lección relevante tiene que ver con la preparación comunitaria. Tras la inundación alemana se evidenció que muchos ciudadanos ignoraron las alertas o no sabían cómo actuar. El experto considera fundamental fortalecer la educación sobre gestión del riesgo desde la escuela, para fomentar una cultura preventiva que permita responder adecuadamente ante emergencias.

Las advertencias adquieren especial relevancia en Córdoba, donde la saturación del suelo y el desbordamiento de ríos reproducen condiciones similares a las observadas en otros desastres internacionales. Para Jung, el cambio climático incrementará la frecuencia y la intensidad de estos eventos: fenómenos considerados excepcionales podrían repetirse cada cinco o diez años.

Mientras el departamento intenta recuperarse y atender a la población afectada, la crisis deja en evidencia la necesidad de fortalecer la resiliencia territorial mediante inversiones en infraestructura hidráulica, sistemas de alerta temprana y programas de formación comunitaria. La experiencia internacional sugiere que, aunque no siempre es posible evitar la destrucción material, sí se pueden reducir las pérdidas humanas con preparación y coordinación.

En medio de la emergencia, el mensaje es claro: las inundaciones ya no pueden entenderse como hechos aislados, sino como parte de una tendencia asociada a la variabilidad climática global. Para Córdoba, el desafío no solo consiste en reconstruir lo perdido, sino en adaptarse a un escenario en el que la prevención será tan importante como la respuesta inmediata.

Como resume Jung, la enseñanza es tan sencilla como inquietante: las lluvias serán más intensas y frecuentes, pero la preparación puede marcar la diferencia. “El agua no espera. Podemos no detenerla, pero sí podemos estar listos para salvar vidas”.

Publicar un comentario

0 Comentarios