Según esos documentos, el ELN mantiene en Venezuela una red de campamentos próximos a pasos fronterizos y rutas ilícitas. La estimación de combatientes en ese país oscila entre 250 y 300, distribuidos en pequeñas células de 15 a 50 integrantes. Esta fragmentación —señalan fuentes de inteligencia citadas por el medio— busca reducir la exposición y dificultar su localización por fuerzas internacionales, una táctica que ha permitido al grupo operar con relativa discreción en áreas selváticas y de difícil acceso.
El elemento más llamativo del reporte es la supuesta anuencia de sectores del gobierno venezolano a una operación contra el ELN en su propio territorio. Semana afirma que Washington contaría con el “beneplácito” de la vicepresidenta Delcy Rodríguez para actuar en zonas cercanas a Colombia. De confirmarse, se trataría de un giro sustancial frente a la política de años anteriores, cuando Caracas fue acusada por Bogotá y Washington de tolerar o incluso facilitar la presencia de la guerrilla. No obstante, es importante subrayar que estas versiones no han sido confirmadas oficialmente por ninguno de los gobiernos involucrados.
En el mismo paquete de informaciones aparece un dato de enorme impacto político: la presunta “captura” de Nicolás Maduro y Cilia Flores en Caracas. Hasta el momento de cierre de esta redacción, no existe confirmación independiente ni pronunciamiento oficial que respalde tal afirmación, por lo que debe considerarse como un elemento no verificado dentro del reporte periodístico. Aun así, Semana sostiene que ese supuesto hecho habría desestabilizado el panorama regional y generado fisuras en las filas del ELN, acelerando la disposición de Caracas a cooperar.
Más allá de esa controversia, los informes describen un entorno operativo cada vez más restrictivo para la guerrilla. De acuerdo con fuentes citadas, las propias autoridades venezolanas estarían limitando el movimiento de los frentes del ELN hacia otras regiones, al tiempo que comparten información con Estados Unidos y coordinan con las Fuerzas Militares de Colombia. El objetivo sería cerrar corredores de escape y evitar que mandos medios o altos crucen la frontera para reagruparse.
Colombia, por su parte, prepara un robusto despliegue en la línea limítrofe. Un alto oficial aseguró que se evalúa un operativo de contención con más de 30.000 soldados para impedir que los subversivos ingresen al país y se conecten con otras estructuras del ELN. Este cerco, concentrado en zonas consideradas prioritarias, buscaría neutralizar una eventual reacción violenta o un éxodo de combatientes ante los ataques del lado venezolano.
La planificación descansa en una intensa labor de inteligencia, vigilancia y reconocimiento. Interceptaciones, radares y otras tecnologías se utilizan para rastrear movimientos, detectar cambios en los patrones de comunicación y anticipar desplazamientos. Hasta ahora, según fuentes militares, no se han identificado traslados de importancia, lo que sugiere que el ELN mantiene un perfil bajo mientras evalúa el curso de la ofensiva.
El trasfondo es un riesgo creciente de escalada. Analistas advierten que una presión coordinada de tres actores —EE. UU., Colombia y sectores de Venezuela— podría empujar a la guerrilla a buscar nuevas rutas, incrementar acciones armadas o afectar a la población civil para desviar la atención. Por ello, la fase actual de análisis y preparación resulta crucial para minimizar daños colaterales y asegurar la precisión de cualquier operación.

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