Viena, 22 de junio de 2025. Tras los recientes bombardeos estadounidenses sobre instalaciones nucleares en Irán, expertos en seguridad internacional y no proliferación nuclear han advertido que la ofensiva, aunque devastadora en términos materiales, no logra neutralizar el verdadero núcleo del programa iraní: su capital humano y científico.
La Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) subrayó que, pese al uso de bombas antibúnker de gran tonelaje y misiles de alta precisión, “es altamente improbable erradicar el conocimiento acumulado tras décadas de desarrollo nuclear”. Según el organismo, Irán mantiene una base técnica sólida y una red de científicos capaces de reconstruir las capacidades destruidas en un plazo relativamente corto.
“El mito de la guerra de precisión queda al desnudo”, afirmó la analista militar francesa Claire Dufour. “Destruir centrifugadoras es costoso, pero reemplazarlas es mucho más rápido y barato que formar a los ingenieros que las diseñan”.
El debate ahora se centra en cómo estabilizar una amenaza que no puede ser desmantelada con bombas. Varios diplomáticos europeos han señalado que la única vía sostenible es una estrategia de contención combinada con incentivos diplomáticos, aunque reconocen que el margen para la negociación se ha reducido drásticamente tras los ataques.
Mientras tanto, Irán ha endurecido su postura, suspendiendo toda cooperación con la AIEA y advirtiendo que responderá “con inteligencia y paciencia estratégica”. La comunidad internacional observa con preocupación cómo la región se adentra en una nueva fase de incertidumbre, donde el conocimiento —más que la infraestructura— se convierte en el verdadero campo de batalla.
0 Comentarios