Los datos respaldan esa percepción. De acuerdo con reportes de la plataforma de identificación telefónica Truecaller, en Colombia se registraron cerca de 16.600 llamadas spam durante el año pasado, una cifra que representa un aumento del 70% frente a 2024. El crecimiento evidencia que estas prácticas no solo persisten, sino que se expanden y adoptan mecanismos cada vez más sofisticados.
El fenómeno tampoco se distribuyó de forma uniforme. Según el análisis de la compañía, octubre se consolidó como el mes más crítico, con alrededor de 1.573 comunicaciones no deseadas detectadas. Ese pico superó con claridad los niveles observados en el mismo periodo del año anterior y confirmó que la marcación masiva se ha convertido en una estrategia sostenida. En promedio, los sistemas de monitoreo identificaron cerca de 1.390 llamadas spam al mes, una presión constante que ha llevado a muchos usuarios a evitar contestar cualquier llamada entrante.
Esa reacción defensiva tiene consecuencias. Al ignorar números desconocidos, los ciudadanos pueden perder contactos laborales, médicos o personales relevantes, mientras se normaliza una cultura de sospecha frente al uso cotidiano del teléfono. Para los expertos, el impacto del fenómeno va más allá de la molestia y se relaciona con la confianza digital.
“El crecimiento de las llamadas spam en Colombia durante 2025 es especialmente preocupante. Pasamos de cifras ya altas en 2024 a un aumento cercano al 70%. En nuestro monitoreo, octubre volvió a ser el mes más crítico, superando incluso registros anteriores”, explicó Nicolás Vargas, country manager de Truecaller en el país.
El directivo advirtió que el problema no se limita al volumen de comunicaciones, sino al efecto que tiene sobre la percepción de seguridad. A medida que las personas se sienten más expuestas, aumenta la probabilidad de que caigan en engaños o, por el contrario, que se aíslen de comunicaciones legítimas por temor a ser víctimas de fraude.
En ese contexto, la prevención se vuelve clave. Vargas señaló que el acceso a información y herramientas tecnológicas puede ayudar a reducir el riesgo. Aplicaciones de identificación de llamadas, sistemas de bloqueo y alertas en tiempo real permiten filtrar comunicaciones sospechosas antes de que escalen a estafas.
Las recomendaciones también incluyen hábitos básicos de autoprotección digital: evitar devolver llamadas perdidas de números desconocidos, desconfiar de ofertas que prometan beneficios inmediatos —especialmente si involucran productos financieros— y verificar cualquier propuesta directamente con la entidad oficial correspondiente. Igualmente, se aconseja no compartir códigos de verificación ni información sensible por teléfono, incluso si el interlocutor afirma representar a una organización reconocida, y bloquear los números sospechosos para reducir futuras interrupciones.
El auge de estas llamadas refleja un desafío más amplio para el ecosistema digital. La facilidad para acceder a bases de datos, automatizar marcaciones y operar desde números que cambian constantemente ha ampliado el alcance de quienes buscan lucrarse mediante fraude o publicidad invasiva. Mientras estas prácticas sigan siendo rentables, la presión sobre los usuarios continuará.
Frente a este escenario, expertos coinciden en la necesidad de fortalecer la regulación, mejorar los filtros implementados por las operadoras y promover mayor educación digital. Reconocer a tiempo los intentos de engaño y proteger la información personal se vuelve indispensable en un entorno donde el teléfono, más que un canal de confianza, se ha transformado en un espacio de cautela permanente.

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