Foto: Cubanos forman fila para abordar un autobús de transporte privado en La Habana. Yamil Lage/AFP
El presidente Miguel Díaz-Canel reconoció recientemente que el país enfrenta un “desabastecimiento agudo de combustible”, situación que vinculó a las tensiones con Estados Unidos. Según explicó, la firma de un decreto por parte del presidente estadounidense Donald Trump —que amenaza con imponer aranceles a los países que suministren petróleo a Cuba— ha impactado severamente el acceso de la isla a hidrocarburos. A ello se suma la falta de envíos desde diciembre por parte de Venezuela, que hasta hace poco cubría cerca de un tercio de las necesidades energéticas cubanas.
“Vamos a vivir tiempos difíciles. Estos, en particular, son muy difíciles”, advirtió el mandatario. Señaló que la escasez tendrá efectos directos en sectores estratégicos como el transporte de alimentos, la producción agrícola, el sistema sanitario, las escuelas, el turismo y la actividad económica en general. En ese contexto, el Gobierno contempla aplicar una versión actualizada de la llamada “opción cero”, un plan de supervivencia implementado hace tres décadas que incluía racionamiento extremo, autosuficiencia alimentaria y reducción drástica del consumo energético.
Racionamiento y prioridades
Las autoridades ya comenzaron a tomar medidas concretas. El viceprimer ministro Oscar Pérez-Oliva Fraga confirmó que el país racionará la venta de combustible, aunque no detalló plazos ni cantidades. La prioridad, explicó, será garantizar el funcionamiento de servicios esenciales como la generación eléctrica, el abastecimiento de agua, la atención en salud y las actividades de defensa.
Asimismo, se destinarán recursos a sectores que generen ingresos en divisas, particularmente el turismo, considerado vital para la economía nacional. Paralelamente, el Ejecutivo facilitará que empresas privadas con capacidad logística puedan importar su propio combustible, en un intento por aliviar la presión sobre el suministro estatal.
Ajustes laborales y ahorro energético
La crisis también ha modificado la dinámica laboral. Las actividades administrativas en el sector público operarán solo de lunes a jueves con el fin de reducir el consumo energético. El Ministerio del Trabajo instó a promover el teletrabajo y la reubicación de empleados en funciones que requieran menos recursos.
En los casos en que no sea posible aplicar estas alternativas, se establecerá una “interrupción laboral”, mecanismo mediante el cual los trabajadores mantendrán su salario durante un mes mientras se define una solución. Las instituciones públicas, además, deberán ajustar horarios en función de la disponibilidad energética en cada territorio.
Transporte y turismo bajo presión
El impacto es evidente en el transporte. En La Habana, las autoridades han reconocido nuevas restricciones en la circulación de autobuses, mientras que en la provincia de Las Tunas se suspendieron casi todas las rutas interprovinciales por la falta de combustible. Este sector ya había sufrido una contracción significativa, con caídas cercanas al 93 % en la movilidad durante parte de 2025.
El turismo tampoco ha escapado a la crisis. El Gobierno comenzó a cerrar algunos hoteles y a reubicar visitantes en instalaciones operativas, dentro de un plan para “compactar” el uso de energía en destinos como Varadero y los cayos del norte. La decisión llega en un momento delicado para la industria, que en 2025 registró su peor cifra de visitantes internacionales en más de dos décadas —sin contar los años de pandemia—, con apenas 1,8 millones de viajeros.
Aviación y conectividad afectadas
La escasez de combustible también ha repercutido en la conectividad aérea. Air Canada anunció la suspensión inmediata de sus vuelos hacia Cuba debido a la imposibilidad de repostar en la isla, una decisión que agrava la situación turística dado el peso del mercado canadiense.
Otras aerolíneas han optado por soluciones intermedias. Air Europa e Iberia continuarán sus operaciones, pero incorporarán escalas técnicas en República Dominicana para recargar combustible antes de completar sus trayectos hacia Madrid. En contraste, compañías mexicanas han mantenido sus rutas, asegurando que sus aeronaves cargan suficiente combustible en origen para operar con normalidad.
Un escenario incierto
Las medidas adoptadas por La Habana reflejan la magnitud de la crisis energética y sus ramificaciones en todos los sectores de la sociedad. Aunque el Gobierno insiste en que se trata de ajustes temporales y adaptados a las circunstancias actuales, la evocación de estrategias propias del “período especial” ha reavivado la preocupación entre la población y los analistas.
Con un acceso restringido a combustibles, presión internacional y una economía dependiente del turismo y las importaciones, el país enfrenta un panorama incierto. La evolución del suministro energético y de las relaciones internacionales determinará si estas disposiciones logran contener la crisis o si la isla deberá profundizar aún más en su estrategia de supervivencia para sostener su funcionamiento cotidiano.

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