Un reciente análisis publicado en la revista Nature Human Behavior ha revelado que el uso cotidiano de tecnología digital entre adultos mayores está asociado con una mejor salud cognitiva y un menor riesgo de desarrollar demencia. El hallazgo, que surge de la revisión de decenas de estudios científicos, rompe con la percepción extendida de que los dispositivos electrónicos afectan negativamente la mente, especialmente en un contexto donde el impacto de las pantallas en jóvenes ha generado alarma.
Según los investigadores, las personas mayores de 50 años que emplean de forma habitual herramientas como teléfonos inteligentes, computadoras o tabletas, muestran una mayor capacidad para mantener activas sus funciones cognitivas. El uso de estas tecnologías, lejos de ser una distracción, favorece actividades que estimulan la memoria, la atención y el razonamiento, como la comunicación en redes sociales, la lectura digital, los juegos de estrategia o el aprendizaje en línea.
Los beneficios, sin embargo, no se limitan al plano mental. El acceso a información, servicios y redes de apoyo en entornos virtuales también ayuda a reducir el aislamiento social, un factor de riesgo que, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), puede contribuir al deterioro cognitivo. Participar en videollamadas con familiares, integrarse a comunidades virtuales o explorar cursos en línea son ejemplos de interacciones que fortalecen tanto la salud cerebral como el bienestar emocional.
El estudio señala que la clave está en un uso equilibrado y significativo de la tecnología. “No se trata simplemente de pasar más horas frente a la pantalla, sino de emplear estas herramientas para realizar actividades que aporten valor y estimulen la mente”, indica el informe. En este sentido, la investigación sugiere que programas de capacitación digital adaptados a las necesidades de la población mayor podrían potenciar aún más estos beneficios.
A pesar de que en generaciones más jóvenes se han documentado efectos negativos relacionados con el uso excesivo de dispositivos —como problemas de atención o trastornos del sueño—, la evidencia acumulada para los adultos mayores apunta en dirección opuesta. La interacción con entornos digitales, cuando es guiada y con un propósito claro, se convierte en un recurso valioso para mantener la agilidad mental y retrasar el deterioro asociado a la edad.
Estos hallazgos abren la puerta a un cambio en las políticas públicas y en la percepción social sobre la relación entre tercera edad y tecnología. Promover la alfabetización digital, facilitar el acceso a dispositivos y diseñar plataformas más inclusivas podrían convertirse en estrategias clave para mejorar la calidad de vida de millones de personas mayores en todo el mundo.
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