La medida contempla el cierre de los puertos iraníes en el Golfo y el control del Estrecho de Ormuz, una de las rutas más sensibles del comercio energético mundial, por donde transita cerca del 20% del petróleo global. Según las autoridades estadounidenses, solo podrán circular por esta vía embarcaciones que no tengan como origen ni destino territorio iraní.
Minutos después de cumplirse el plazo, Trump aseguró en su red Truth Social que la Armada iraní había sido “prácticamente aniquilada”, afirmando que 158 buques yacen “en el fondo del mar”. Además, advirtió que cualquier intento de romper el bloqueo será respondido con fuerza inmediata, utilizando —según dijo— los mismos “métodos de eliminación” empleados en operaciones contra el narcotráfico.
El impacto de la decisión fue inmediato en los mercados internacionales. La Bolsa de Nueva York abrió a la baja ante el temor de una interrupción en el suministro energético global. En las primeras operaciones, el índice Dow Jones cayó 0,52%, el Nasdaq retrocedió 0,26% y el S&P 500 perdió 0,23%.
En paralelo, organismos de vigilancia marítima como UK Maritime Trade Operations advirtieron sobre nuevas restricciones a la navegación. Buques de cualquier bandera que hayan hecho escala en puertos o terminales iraníes enfrentarán limitaciones para transitar en la región, lo que aumenta la incertidumbre en el tráfico marítimo.
Ante la creciente tensión, actores regionales han intentado contener la escalada. El ministro de Exteriores de Catar, Mohamed bin Abdulrahman, sostuvo una conversación con su homólogo iraní, Abás Araqchí, en la que pidió consolidar el alto el fuego y evitar el uso del Estrecho de Ormuz como herramienta de presión.
Por su parte, el primer ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif, afirmó que el alto el fuego “aún se mantiene”, aunque reconoció que persisten diferencias clave entre las partes.
Asimismo, Araqchí sostuvo contactos con el ministro de Exteriores de Arabia Saudita, Faisal bin Farhan, en un intento por mantener abiertos los canales diplomáticos.
El inicio del bloqueo naval profundiza la incertidumbre internacional y aumenta el riesgo de una escalada mayor en Medio Oriente, en un contexto marcado por tensiones militares, presiones económicas y un frágil equilibrio diplomático.

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