El orden internacional atraviesa un momento de creciente fragilidad y una nueva fuente de tensión se ha abierto en el Ártico. Francia, Alemania y otros países europeos trabajan en un plan coordinado para responder a las reiteradas amenazas del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sobre el futuro de Groenlandia, un territorio autónomo que forma parte del Reino de Dinamarca y cuya posición estratégica resulta clave para la seguridad del hemisferio norte.
El pasado 6 de enero, siete líderes europeos —los jefes de Estado o de Gobierno de Francia, Alemania, Italia, Polonia, Reino Unido, Dinamarca y España— firmaron una declaración conjunta en la que reafirmaron que solo Dinamarca y Groenlandia tienen derecho a decidir sobre su futuro. El documento, suscrito también por el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, sitúa en el centro la soberanía del territorio y la inviolabilidad de las fronteras como principios fundamentales del orden internacional.
Este posicionamiento común responde al insistente interés mostrado por Trump en la región. El mandatario estadounidense ha defendido públicamente que Groenlandia es “un lugar muy estratégico”, aludiendo a la presencia de buques rusos y chinos en aguas árticas, y ha llegado a afirmar que Estados Unidos “necesita” la isla por razones de seguridad. Según Trump, su control sería prioritario tanto para la defensa estadounidense como para la de sus aliados europeos. En tono irónico, también ha cuestionado la capacidad defensiva de Dinamarca, minimizando sus esfuerzos en materia de seguridad.
Ante estas declaraciones, los líderes europeos han querido enviar un mensaje claro: la seguridad del Ártico debe garantizarse de forma colectiva, bajo el marco de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y en coordinación con Estados Unidos, considerado un aliado esencial. El comunicado recuerda que el Reino de Dinamarca, del que forma parte Groenlandia, es miembro de la Alianza Atlántica, lo que refuerza el marco legal y político que rige la defensa del territorio.
La declaración subraya que el Ártico es una “prioridad clave” para la OTAN y destaca que los aliados europeos están intensificando su presencia, actividades e inversiones en la región con el objetivo de mantenerla segura y disuadir a posibles adversarios. Al mismo tiempo, insiste en que cualquier acción debe respetar los principios de la Carta de Naciones Unidas, en particular la soberanía, la integridad territorial y la inviolabilidad de las fronteras.
La tensión en torno a Groenlandia se produce en un contexto internacional marcado por otras actuaciones controvertidas de Washington. Incluso el rey Felipe VI hizo referencia a esta situación durante su discurso de la Pascua Militar, en el que pidió preservar un “orden global basado en normas” y alertó sobre la “sensación de amenaza en el corazón de Europa”, tras las recientes acciones de Estados Unidos en Venezuela.
El texto firmado por los líderes europeos dedica una atención especial a la relación transatlántica y recuerda que Estados Unidos es un socio fundamental, tanto en el marco de la OTAN como a través del acuerdo de defensa firmado entre Washington y el Reino de Dinamarca en 1951. No obstante, el mensaje final es inequívoco: Groenlandia pertenece a su pueblo, y cualquier decisión sobre su futuro corresponde exclusivamente a Dinamarca y a los ciudadanos groenlandeses.
La declaración concluye reafirmando el compromiso de Europa con la defensa activa de los principios universales que sustentan la estabilidad internacional, una línea roja que, subrayan, no están dispuestos a cruzar.

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