La crisis venezolana volvió a escalar en las últimas horas tras las duras declaraciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sobre el operativo militar que permitió la captura de Nicolás Maduro, y la posterior decisión del nuevo liderazgo chavista de decretar el Estado de Conmoción Exterior en todo el país. El escenario, atravesado por acusaciones cruzadas, medidas excepcionales y reacciones internacionales, mantiene a Venezuela en una fase de alta incertidumbre política y diplomática.
Desde Estados Unidos, Trump reivindicó con énfasis la
operación que culminó con la detención del exmandatario venezolano. El
presidente aseguró que la acción militar se ejecutó “por sorpresa” y sin la
colaboración del círculo íntimo de Maduro, aunque admitió que hubo sectores
dispuestos a facilitar una transición. “Muchos querían hacer un acuerdo”,
afirmó, al referirse a contactos previos que, según dijo, no formaron parte del
desenlace final.
Trump ofreció además detalles del operativo, al que
describió como una demostración de fuerza sin precedentes. “Se cortó la
electricidad en casi todo el país, fue entonces cuando supieron que había un
problema. Las únicas personas con luz eran las que tenían velas”, relató. Según
el mandatario, la magnitud de la operación quedó reflejada en la participación
de “152 aviones” desplegados en territorio venezolano, un dato que subrayó para
reforzar el carácter excepcional de la acción militar.
En un tono marcadamente triunfalista, Trump sostuvo que las
fuerzas estadounidenses lograron sorprender completamente al liderazgo
chavista. “Agarramos por sorpresa a Maduro. Sabían que íbamos e igual estaban
desprotegidos”, declaró, al tiempo que remarcó que Estados Unidos volvió a
demostrar su supremacía militar. Para el presidente, el operativo no solo tuvo
un impacto estratégico, sino también simbólico, al evidenciar la vulnerabilidad
del poder venezolano.
Las declaraciones de Trump incluyeron también duras
acusaciones contra Maduro. El mandatario afirmó que en Caracas funcionaba “una
cámara de tortura” que ahora está siendo clausurada por el nuevo liderazgo.
“Tenían una cámara de tortura en medio de Caracas, que ahora está siendo
clausurada”, dijo, aludiendo a medidas adoptadas tras la salida del exdictador.
Además, calificó a Maduro como “un tipo violento” y lo responsabilizó por la
muerte de “millones de personas”, una afirmación que refuerza el discurso
estadounidense sobre las consecuencias humanitarias del régimen chavista.
Las palabras del presidente estadounidense encontraron una
rápida respuesta en Caracas. Delcy Rodríguez, quien encabeza el liderazgo
interino del chavismo, decretó el Estado de Conmoción Exterior en todo el
territorio nacional. La medida fue anunciada como una reacción directa a lo que
el régimen calificó como una “agresión armada por parte de Estados Unidos”.
El decreto de conmoción habilita la adopción de medidas
excepcionales en áreas clave como la seguridad, la economía, la sociedad y la
política. Entre los puntos más sensibles, se contempla la posibilidad de buscar
y capturar ciudadanos considerados una amenaza para el orden interno, ampliando
de manera significativa las facultades del Ejecutivo en un contexto ya marcado
por la fragilidad institucional.
La decisión encendió alertas inmediatas en organizaciones
de derechos humanos y en distintos gobiernos extranjeros, que advierten sobre
un posible endurecimiento de la represión. En un país con antecedentes de
estados de excepción prolongados, el nuevo decreto profundiza la preocupación
por el impacto que estas medidas puedan tener sobre las libertades civiles y el
equilibrio de poderes.
Más reacciones internacionales
Mientras tanto, el escenario internacional comenzó a
reacomodarse ante la nueva fase del conflicto venezolano. En el plano
diplomático, Qatar se ofreció a mediar para lograr una “solución pacífica
inmediata”. El portavoz del Ministerio de Exteriores qatarí, Majed al Ansari,
expresó la plena disposición de Doha a contribuir en cualquier esfuerzo
internacional orientado a reducir la tensión y promover el diálogo entre las
partes involucradas.
Al Ansari subrayó además el compromiso de Qatar de mantener
abiertos los canales de comunicación con todos los actores relevantes,
recordando que el país ya ha desempeñado anteriormente un rol de mediador en
intercambios de presos entre Venezuela y Estados Unidos. Aunque no se
precisaron detalles sobre contactos en curso, la oferta de mediación refleja la
preocupación regional e internacional por evitar una mayor escalada.
En paralelo, Países Bajos anunció la suspensión provisional
de su cooperación con Estados Unidos en las operaciones antidroga en el Caribe,
una decisión que introduce un nuevo factor de tensión en la región. El gobierno
neerlandés justificó la medida por sus discrepancias con la estrategia
estadounidense de atacar lanchas presuntamente utilizadas por narcotraficantes
en aguas internacionales, una práctica que, según las autoridades, ha provocado
más de un centenar de muertes.
A partir de ahora, la Marina de Países Bajos limitará su
actuación a la vigilancia de aguas territoriales, lo que afecta una cooperación
que había sido clave en la lucha contra el narcotráfico en una de las
principales rutas de la cocaína. La decisión tiene un impacto directo en la
dinámica de seguridad del Caribe y refleja las divergencias entre aliados en un
contexto geopolítico cada vez más complejo.
Con Maduro enfrentando a la justicia estadounidense, un
liderazgo interino bajo estado de conmoción y una comunidad internacional
dividida entre el respaldo, la cautela y la mediación, Venezuela entra en una
fase decisiva. El alcance real de las medidas excepcionales, la evolución de
las tensiones diplomáticas y la capacidad del nuevo poder chavista para sostener
el control interno marcarán el rumbo inmediato de un país que permanece en el
centro de la atención global.

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