Proyecto de fracking aportaría gas a Colombia en año y medio: mientras tanto, continuará la importación


*El desarrollo de yacimientos no convencionales podría ampliar la oferta energética del país, pero los primeros resultados no llegarían antes de 18 meses. Mientras tanto, Colombia deberá seguir recurriendo a las importaciones para atender parte de su demanda de gas.

Colombia mantiene abierto el debate sobre el uso del fracking como alternativa para ampliar sus reservas de hidrocarburos, en momentos en que el país enfrenta una situación más inmediata: la necesidad de importar gas para garantizar el abastecimiento interno.

Aunque el desarrollo de los yacimientos no convencionales podría incrementar la oferta nacional, los tiempos de exploración, perforación y puesta en producción hacen que esta alternativa no represente una solución inmediata. De acuerdo con estimaciones de la industria, el primer proyecto podría tardar al menos 18 meses en comenzar a entregar gas.

La situación adquiere especial importancia ante la posibilidad de que aumente la demanda de generación térmica durante periodos de altas temperaturas. Colombia depende en buena medida de la generación hidroeléctrica y, cuando disminuye la disponibilidad de los embalses, las plantas térmicas adquieren mayor protagonismo.

Estas centrales utilizan combustibles como el gas, precisamente uno de los recursos cuya disponibilidad interna se ha visto comprometida.

El potencial de los yacimientos no convencionales

La Asociación Colombiana de Petróleo y Gas (ACP) calcula que el primer proyecto de fracking podría aportar inicialmente hasta 100 millones de pies cúbicos de gas.

Sin embargo, el petróleo tendría un horizonte de producción más prolongado. Incluso si los proyectos comenzaran a desarrollarse de inmediato, podrían requerir entre dos y tres años antes de alcanzar una producción significativa de crudo.

Los recursos identificados en yacimientos no convencionales están distribuidos en diferentes regiones del país, entre ellas Sinú-San Jacinto, Valle Inferior, Medio y Superior del Magdalena, Cesar-Ranchería, Catatumbo, Cordillera Oriental y Caguán-Putumayo.

El desarrollo de estos recursos implicaría inversiones considerables. Jaime Checa, presidente de la junta directiva de la Asociación Colombiana de Geólogos, recordó que estimaciones de Ecopetrol citadas por la ACP en 2018 calculaban inversiones de hasta 8.500 millones de dólares, dependiendo de la escala de explotación.

Checa también señaló que durante años se discutió la posibilidad de realizar proyectos piloto para estudiar integralmente el comportamiento de esta técnica en Colombia. Según sus estimaciones, la puesta en marcha de esos pilotos podría superar los 200 millones de dólares, mientras que una operación industrial demandaría inversiones mucho mayores.

El debate ambiental continúa

El fracking también genera cuestionamientos relacionados con sus posibles efectos ambientales. Entre los principales riesgos señalados se encuentran la contaminación de acuíferos, las emisiones de gases y la eventual generación de sismicidad asociada a las operaciones.

Los defensores de la tecnología sostienen que existen herramientas para monitorear las operaciones y controlar algunos de estos riesgos. Entre ellas se encuentran sistemas capaces de registrar en tiempo real la extensión de las fracturas, vigilar posibles movimientos sísmicos y detectar fugas de metano.

La técnica consiste en perforar inicialmente de manera vertical y posteriormente avanzar de forma horizontal a través de las formaciones rocosas. En algunos proyectos, los pozos horizontales pueden alcanzar varios kilómetros de longitud.

La presión del mercado internacional

Mientras Colombia analiza el futuro de sus recursos no convencionales, el abastecimiento inmediato depende cada vez más del mercado internacional.

El experto minero-energético Sergio Cabrales, docente de la Universidad de los Andes, ha advertido sobre el impacto que tiene el encarecimiento del gas licuado natural en un país que debe recurrir a importaciones para cubrir parte de su consumo.

Durante 2026, las tensiones geopolíticas internacionales también han presionado los mercados energéticos. De acuerdo con Cabrales, la crisis en el estrecho de Ormuz, relacionada con el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán, afectó una parte importante de la oferta mundial de gas licuado y elevó los precios.

Según el académico, entre enero y junio de 2026 el comercio mundial de gas licuado cayó alrededor de 4 %, mientras la competencia internacional por los cargamentos disponibles aumentó, especialmente por la demanda asiática.

El panorama deja a Colombia frente a un doble desafío: resolver sus necesidades de abastecimiento energético en el corto plazo y definir si los yacimientos no convencionales, incluido el fracking, harán parte de su estrategia energética de largo plazo.

Por ahora, incluso si el país decide avanzar en esta alternativa, los tiempos de desarrollo indican que sus eventuales beneficios no solucionarían de inmediato la actual necesidad de importar gas.


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