Presidente del Senado cuestiona a las encuestadoras tras resultados de la primera vuelta: “Deben rendir cuentas al país”


Los resultados de la primera vuelta presidencial volvieron a poner en el centro del debate el papel de las empresas encuestadoras en Colombia. El presidente del Senado, Lidio García, cuestionó públicamente la precisión de las mediciones divulgadas durante la campaña y pidió abrir una discusión sobre la regulación, las metodologías y la responsabilidad de estas firmas frente a la opinión pública.

A través de su cuenta de X, el dirigente político aseguró que las encuestas volvieron a fallar en sus pronósticos y sostuvo que las diferencias registradas entre los sondeos y los resultados oficiales fueron demasiado amplias para atribuirlas únicamente a los márgenes de error estadísticos.

“Entre los resultados de las urnas y los pronósticos hubo brechas significativas que nos deben conducir a un debate serio y profundo sobre la regulación, las metodologías y la rendición de cuentas de estas empresas”, afirmó García.

El senador también expresó preocupación por la influencia que las encuestas pueden ejercer sobre el comportamiento de los votantes durante las campañas electorales. Según indicó, estos ejercicios podrían terminar favoreciendo o debilitando determinadas candidaturas antes de que los ciudadanos acudan a las urnas.

“Resulta preocupante que estos ejercicios hayan servido sistemáticamente para inviabilizar candidaturas y potencializar otras, influyendo en percepciones y decisiones antes de que el ciudadano ejerciera su voto”, señaló.

Asimismo, planteó interrogantes sobre si algunas mediciones se limitaron a registrar la intención de voto o si, por el contrario, terminaron influyendo en ella. “Los responsables deben contestarle al país si midieron o trataron de inducir la intención de voto, más allá de explicar por qué estuvieron tan distantes de la realidad política y del verdadero sentir del pueblo”, agregó.

Las críticas surgieron luego de conocerse los resultados oficiales de la primera vuelta presidencial, en la que Abelardo de la Espriella obtuvo el 43,73% de la votación y pasó a la segunda vuelta junto con Iván Cepeda, que alcanzó el 40,91% de los sufragios.

Aunque las principales encuestas anticiparon correctamente que ambos candidatos disputarían la segunda vuelta, varias de ellas no lograron proyectar la magnitud del respaldo alcanzado por cada aspirante.

Uno de los casos más comentados fue el de la encuesta Invamer, que ubicaba a Iván Cepeda en el primer lugar con el 44,6% de la intención de voto, mientras que Abelardo de la Espriella aparecía con el 31,6%. Finalmente, el resultado real terminó favoreciendo a De la Espriella por cerca de tres puntos porcentuales.

Algo similar ocurrió con la medición de Guarumo, que otorgaba a Cepeda el 37,1% de intención de voto, frente al 27,5% de De la Espriella y el 21,7% de Paloma Valencia. Los resultados oficiales mostraron diferencias significativas frente a esas proyecciones.

Entre las encuestas divulgadas antes de la elección, la de AtlasIntel fue una de las que más se acercó al escenario final, al mostrar una competencia cerrada entre Cepeda y De la Espriella. Sin embargo, tampoco logró anticipar con exactitud la ventaja obtenida por el candidato de Defensores de la Patria.

Otro de los puntos que llamó la atención fue el resultado de Paloma Valencia. Ninguna de las principales mediciones logró prever la magnitud de su descenso electoral, pues todas le atribuían un respaldo considerablemente superior al que finalmente obtuvo en las urnas.

Las declaraciones de Lidio García reabren así la discusión sobre el papel de las encuestas en los procesos democráticos, un debate que suele intensificarse cada vez que los resultados electorales se apartan de las proyecciones realizadas por las firmas especializadas.


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