El gran trombón: crónica de un adiós al Malo del Bronx




Por Carlos Polo

Tomado de miredvista.co

En la sala de un hospital… El 28 del mes de abril/ en la primavera de 1950/ en el populoso barrio el Bronx… Nació Willie Colón/ el gran trombón…

Fue criado como los demás/ con…  El orgullo de don William y doña Aracelis, dos boricuas instalados en el sur del distrito más latino de todo Nueva York, mostró desde muy temprano interés por la música.

Cuenta la leyenda que aquel día un sonido robusto, potente y melodioso atravesó Manhattan, Brooklyn, Queens, Staten Island y todo el territorio continental, eran los metales dando la bienvenida a un gigante, a uno de los arquitectos de lo que con los años sería reconocido como el sonido de Nueva York.

El niño creció en un ambiente duro, entre minorías étnicas en pugna, segregación y estigmatización. Con el vuelo de las familias blancas de clase media, el white flight, el Bronx se convirtió en un asentamiento latino y afroamericano. Los chicos crecían ‘guapeando’, poniendo el pecho, quizás allí se gestó la semilla del “Malo del Bronx”, y muy seguramente de allí surgieron las historias que luego serían bombas, plenas y murgas que retrataban la vida en los bordes y el gueto.

Como Willie, también crecí en barrios al margen. Sus canciones, donde metió mano su sonido crudo, su voz, sus arreglos y su genio para la producción, se convirtieron en el motor que impulsó la música latina a otras dimensiones. Hablar de Colón y su legado es hablar de crónica social, de identidad, de resistencia; su música sería la banda sonora de mi vida y de Latinoamérica entera me atrevería a pensar.

Cuando era un niño descamisado, con pies empolvados de tanto patear la bolita, recuerdo que, al otro lado de la acera, los sábados encendían el picó desde las 10:00 a. m. Uno se sentaba en el bordillo tras el partido de bola e’ trapo y allí retumbaba el trombón de Willie ‘guapeando’ y la melódica voz de Héctor Lavoe estallando con sus soneos maravillosos.

En Navidad, el picó retumbaba con “Aires de Navidad”, “Canto a Borinquen” y “Esta Navidad”. En ese tiempo, aquellas canciones fueron el sello que anunciaba la época fiestera, la banda sonora de las vacaciones y los himnos de bailes y reuniones. En ese tiempo, los vientos Alisios visitaban el Caribe y el sol parecía aumentar su chorro de luz y quizás no había en el globo ningún otro lugar en donde un animal tropical y latino quisiera estar en esa época del año.

Junto a Lavoe, Colón grabó su primer larga duración en 1967: El Malo, con Fania Records. Durante seis años, el dúo imposible grabó nueve álbumes, de donde se desprenden clásicos como “Todo tiene su final”, “Calle luna, calle Sol” y “El día de mi suerte”, y otro extenso catálogo de canciones que se resisten a morir de este lado del Caribe.

En 1978, Willie, ‘el Malo’, junto a Rubén Blades, ‘el poeta de la salsa’, dividieron en dos la historia de la música latina. Ese año publican Siembra, el disco más vendido del género y considerado por críticos como el mejor de todos los tiempos: un álbum con letras de lucha social y crítica directa; música con mensaje y grito de resistencia.

El picó del barrio, en los 80, le dedicaba largos tramos a Siembra, y ahí uno empezó a entender quiénes eran los “plastiquitos” de la zona, esos que se derretían si les daba de lleno el sol, en nuestros propios códigos, los ‘pantalleros’, los ‘espantajopos’. Los temas que me hablaron al oído fueron “Plástico” una potente crítica social cargada de verdades de a puño y “Pedro Navaja”, una crónica judicial cantada, un cuento callejero con putas de mal día, borrachos suertudos y ladronzuelos de gabán raído y puñal en mano.

En diciembre de 1983, yo era un adolescente enamoradizo que pretendía a las chicas mayores. Pasaba las tardes escuchando esa especie de flamenco estilizado mezclado con son cubano que me hacía soñar con todas esas “gitanas” a las que quería escribirles: “Por si algún día me muero y tú lees este papel, sepas lo mucho que te quiero…” Incluida en el álbum Tiempo de matar, “Gitana” fue la canción más escuchada de ese año.

En el álbum Top Secret (1989), con “El gran varón”, Colón explora un tema complejo. El sida hacía estragos y lo que fue un éxito cargado de buenas intenciones, aquí en el Caribe terminó en oposición a la intención original, que era poner de relieve la vulnerabilidad de la población LGBTIQ+. La canción es hoy un clásico, pese a que su mensaje envejeció mal.

En otra liga está Fantasmas, uno de sus álbumes en solitario. Es una bella propuesta poética donde Colón explora sonidos de Brasil, volviendo su sonoridad mucho más sofisticada, con samba, bossa nova y jazz. “Oh, qué será”, de Chico Buarque, se convirtió en un hit; también “Mi sueño”, una adaptación de “Disritmia” de Martinho da Vila. Un tema que no falta en mis tenidas con licor, buena charla y buena música:

 “Yo quiero esconderme, nena, debajo de tu saya para huir del mundo… Y ven a curar a tu negro que llegó borracho de la bohemía…”

En 1995, Willie vuelve a adueñarse de la sintonía con una sátira rabiosa sobre un fenómeno mediático: “no tiene el talento, pero es muy buena moza…”

Ahí estaba ahora Willie, el de las opiniones polémicas, el reaccionario, abiertamente de derechas, alineado a los discursos antiinmigrantes. Yo me pregunto si eso le podría empañar su indiscutible legado; en lo que a mí respecta, prefiero imaginarlo guapeando con su trombón o cantando hermosas líneas como: “Yo quiero ser pacificado por el aguardiente de tu amor profundo…” Con su voz tranquila, equilibrada, con ese color particular que no la hace necesariamente virtuosa, me quedo con el sujeto musical y echo pa’ un lao al sujeto político.

Y ven a curar a tu negro que llegó borracho de la bohemía…

En la sala de un hospital… en el invierno de 2026… el 21 de febrero… murió Colón… Colón, Colón, el gran trombón. Nos encontramos en tus canciones macancán… Alelelelele… Alelelele…


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