El meteorólogo Max Henríquez Daza informó a través de sus canales digitales que la masa de aire cargada con partículas minerales del norte de África ya está ingresando a la región. En la misma línea, el ingeniero civil de la Universidad de los Andes Diego Restrepo compartió imágenes satelitales que evidencian el desplazamiento del polvo desde África, su tránsito por el Atlántico y su llegada al continente americano, recorriendo miles de kilómetros antes de alcanzar Suramérica.
Para muchos ciudadanos, la presencia del polvo del Sahara se traduce en cielos más opacos, atardeceres con tonalidades rojizas y una bruma que reduce la visibilidad. Sin embargo, más allá del impacto visual, se trata de un fenómeno atmosférico con implicaciones ambientales y de salud pública.
Desde el punto de vista ecológico, estas partículas finas cumplen una función clave para el equilibrio del planeta. Transportan nutrientes como hierro y fósforo que fertilizan la selva amazónica y enriquecen ecosistemas marinos, especialmente en el Atlántico. Este aporte mineral compensa la pérdida de nutrientes causada por las lluvias intensas en regiones tropicales.
No obstante, la principal preocupación está relacionada con la salud humana. El incremento de material particulado en el aire —especialmente PM10 y PM2.5— puede generar afectaciones respiratorias, sobre todo en personas vulnerables. Entre los síntomas más comunes se encuentran tos seca, congestión nasal, irritación en ojos y garganta, así como dificultad leve para respirar. También pueden presentarse complicaciones en pacientes con antecedentes de asma, alergias o enfermedades pulmonares crónicas.
Niños, adultos mayores y personas con afecciones respiratorias deben extremar precauciones en caso de que la concentración del polvo aumente o se prolongue durante varios días. Las autoridades recomiendan estar atentos a los reportes oficiales sobre la calidad del aire.
Zonas en vigilancia y posibles efectos climáticos
Históricamente, departamentos como La Guajira, Arauca, Norte de Santander, Boyacá, Vichada, Meta y Guaviare han sido los más impactados por este tipo de eventos atmosféricos. Además de afectar la calidad del aire, la presencia de la nube puede inhibir la formación de nubosidad, reduciendo temporalmente las precipitaciones en las zonas donde la concentración es más densa.
El Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) ha emitido en ocasiones anteriores una serie de recomendaciones para mitigar los riesgos asociados. Entre ellas se destaca humedecer los pisos antes de barrer para evitar que el polvo vuelva a suspenderse en el ambiente, cubrir depósitos de agua para prevenir contaminación y utilizar tapabocas y gafas protectoras si se declaran niveles de alerta.
En caso de sentir partículas en los ojos, se aconseja lavarlos con abundante agua potable o previamente hervida, asegurándose de mantener las manos limpias antes del contacto.
Monitoreo permanente
El Ideam también ha instado a las autoridades ambientales locales a realizar seguimiento continuo a través de las estaciones de monitoreo de calidad del aire y a coordinar acciones con el Sistema Nacional de Gestión del Riesgo. El análisis satelital será determinante para establecer la densidad de la nube y definir si se requieren medidas adicionales en las principales ciudades del país.
Aunque el fenómeno suele ser temporal, su evolución durante la semana será clave para evaluar su impacto real en Colombia.

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