Al cierre de la sesión, el barril de Brent del mar del Norte para entrega en marzo retrocedió un 1,72% y se ubicó en 60,70 dólares. En tanto, el West Texas Intermediate (WTI), referencia en Estados Unidos, cayó un 2,04% hasta los 57,13 dólares por barril para entrega en febrero. La tendencia bajista se mantuvo al inicio de la semana siguiente, con descensos moderados en los contratos a futuro de ambas referencias.
Según analistas del sector, el mercado petrolero observa con atención el escenario venezolano, aunque sin una dirección clara. “En esta etapa solo hay preguntas sin respuestas inmediatas”, explicó Tamas Varga, analista de la firma PVM, al resumir el sentimiento predominante entre los operadores.
Venezuela cuenta con las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, estimadas en unos 303.000 millones de barriles, lo que representa entre el 17% y el 18% de los recursos globales de crudo. Así lo recordó Jeffrey Roach, economista de LPL Financial, quien señaló que esta base de recursos “debería idealmente posicionar a Venezuela como una potencia energética de primer orden”.
Sin embargo, la realidad ha sido muy distinta. Décadas de insuficiente inversión, infraestructuras envejecidas y una prolongada inestabilidad política han mantenido gran parte de ese petróleo bajo tierra. A ello se suma la compleja composición del crudo venezolano, más pesado y difícil de refinar que el de otros grandes productores como Arabia Saudita, lo que reduce su valor comercial y eleva los costos de procesamiento.
De acuerdo con estimaciones de la consultora Rystad Energy, incluso en un escenario relativamente favorable, Venezuela solo podría añadir unos 300.000 barriles diarios a su producción actual —cercana al millón de barriles por día— en los próximos dos a tres años, y eso con un nivel de inversión considerado “moderado”. Esto limita el impacto inmediato que el país podría tener sobre el equilibrio global de oferta y demanda.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha manifestado su interés en los recursos petroleros venezolanos y aseguró estar dispuesto a trabajar con la presidenta interina, Delcy Rodríguez, siempre que se cumplan los objetivos de Washington. No obstante, el embargo estadounidense sobre el petróleo venezolano continúa plenamente vigente, lo que añade otra capa de incertidumbre al panorama.
En el corto plazo, los amplios inventarios de crudo a nivel mundial han contrarrestado cualquier preocupación por una eventual alteración en los flujos petroleros tras la captura de Maduro. Analistas consultados por Reuters coincidieron en que, en un mercado global con abundante oferta, una interrupción temporal de las exportaciones venezolanas tendría un impacto limitado sobre los precios.
Además, más del 80% del petróleo venezolano se destina a China, que ha acumulado amplias reservas estratégicas. “Incluso aunque las exportaciones venezolanas se interrumpan de forma temporal, el efecto sería acotado”, explicó Kazuhiko Fuji, consultor del Instituto de Investigación de Economía, Comercio e Industria de Japón, quien añadió que las acciones estadounidenses no han dañado la infraestructura petrolera del país.
A más largo plazo, algunos analistas consideran que la producción venezolana podría aumentar tras la captura de Maduro, lo que eventualmente sumaría oferta al mercado global y ejercerá presión a la baja sobre los precios. Venezuela, miembro de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), llegó a producir 3,5 millones de barriles diarios en la década de 1970, más del 7% del total mundial. Sin embargo, su producción cayó por debajo de los dos millones en la década de 2010 y promedió cerca de 1,1 millones de barriles diarios el año pasado.
Un informe de JP Morgan, elaborado por la analista Natasha Kaneva, estima que, bajo una transición política, Venezuela podría elevar su producción a 1,3–1,4 millones de barriles diarios en los próximos dos años y alcanzar los 2,5 millones en la próxima década, frente a niveles actuales que algunas estimaciones sitúan incluso por debajo de los 900.000 barriles diarios.
Goldman Sachs, por su parte, advirtió que cualquier recuperación significativa será gradual y exigirá inversiones sustanciales. En un escenario de aumento de producción hasta los dos millones de barriles diarios, los analistas del banco estimaron una caída de hasta cuatro dólares por barril en los precios hacia 2030. A corto plazo, señalaron que el impacto de Venezuela sobre los precios dependerá en gran medida de la evolución de la política de sanciones de Estados Unidos, con riesgos “modestos pero ambiguos” para el mercado.

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