El
peso colombiano se ha apreciado con fuerza en el último año. A comienzos de
enero de 2025, el dólar se negociaba alrededor de los $4.409, pero al 13 de
enero de 2026 descendió hasta la zona de $3.663. Esto representa una
revaluación cercana al 16,9 %, un ajuste rápido que tiene efectos directos
sobre los ingresos rurales y la competitividad del país como exportador.
Para
Germán Bahamón Jaramillo, gerente general de la Federación Nacional de
Cafeteros, el impacto es claro y contundente. En el último año, la tasa de
cambio se ha apreciado cerca de $746 por dólar, lo que significa que hoy cada
carga de café recibe entre $500.000 y $550.000 menos únicamente por efecto
cambiario. Es decir, el productor vende el mismo café, con la misma calidad y
el mismo esfuerzo, pero recibe medio millón de pesos menos por carga.
“Para muchos esto suena a una buena noticia, pero para un
país que vive de producir y exportar, una revaluación tan rápida tiene un costo
real: perdemos competitividad y se reducen los ingresos de quienes generan
divisas y desarrollo económico”, advirtió Bahamón. Según el dirigente gremial,
el fenómeno cambiario termina trasladando el ajuste macroeconómico directamente
al ingreso del productor.
El problema se agrava porque esta revaluación llega en un
momento especialmente complejo para el campo. Hoy el cafetero recibe menos
pesos por cada dólar exportado, mientras enfrenta una combinación de inflación
persistente, un salario mínimo más alto y tasas de interés elevadas durante
2026. Esta mezcla presiona los costos de producción, reduce los márgenes de
rentabilidad y pone en riesgo la inversión y la sostenibilidad futura del
sector.
Desde la Federación insisten en que no se trata de pedir
privilegios, sino de proteger el ingreso rural, el empleo y las exportaciones,
que son pilares fundamentales de la economía colombiana y del equilibrio social
en las regiones cafeteras.
El comportamiento reciente del dólar explica parte de esta
preocupación. En la jornada del miércoles 14 de enero, la divisa profundizó su
tendencia a la baja. En la sesión previa inició alrededor de $3.705 y descendió
hasta tocar un mínimo de $3.626,55, niveles que no se observaban desde junio de
2021. En la apertura de la jornada siguiente, el dólar se ubicó en $3.630, con
una caída de $33,24 frente a la Tasa Representativa del Mercado (TRM), fijada
en $3.663,24.
Durante las primeras horas de negociación, la moneda
estadounidense se movió entre un mínimo de $3.630 y un máximo de $3.648,18, con
22 transacciones que sumaron US$18,7 millones. Para el gremio cafetero, este
comportamiento confirma que, aunque un dólar barato alivia las importaciones,
castiga con fuerza a sectores exportadores como el café.
A este choque cambiario se suma un ajuste en la producción.
Al cierre del año calendario 2025, la caficultura colombiana alcanzó una
producción de 13,67 millones de sacos de 60 kilos, lo que representó una leve
caída del 2 % frente a 2024. Sin embargo, el primer trimestre del año cafetero
(octubre–diciembre) fue más complejo, con una reducción del 24 %, y solo en
diciembre el descenso alcanzó el 31 %.
De acuerdo con Bahamón, las intensas y prolongadas lluvias
del primer semestre de 2025 afectaron las floraciones y el desarrollo del grano
en las principales zonas cafeteras, impactando directamente el volumen
cosechado.
Pese a la menor producción, la demanda internacional se
mantuvo firme. En 2025, las exportaciones crecieron 7 % y alcanzaron 13,1
millones de sacos, confirmando la solidez del café colombiano en los mercados
internacionales. La Federación Nacional de Cafeteros tuvo una participación del
25,9 % del total exportado. No obstante, en el primer trimestre del año
cafetero las exportaciones cayeron 6,1 %, reflejo de la menor disponibilidad
del grano.
En contraste, el
consumo interno mostró una tendencia positiva y llegó a 2,27 millones de sacos,
mientras que las importaciones se ubicaron en 1,18 millones. Un escenario mixto
que, con un peso fuerte y un dólar débil, plantea nuevos retos para la
caficultura colombiana en 2026.

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