Los demócratas obtuvieron una contundente victoria en las elecciones legislativas de medio mandato en Estados Unidos, al arrebatarles a los republicanos el control de la Cámara de Representantes y del Senado, en una jornada que representó un duro golpe político para el presidente Donald Trump.
Diversos analistas de la BBC calificaron el resultado como una «derrota aplastante» para el mandatario y sus aliados. Los comicios, que renovaron los 435 escaños de la Cámara de Representantes y aproximadamente un tercio de los 100 puestos del Senado, eran considerados un referendo sobre la gestión de Trump, cuando se acerca la segunda mitad de su mandato.
Aunque el presidente no figuraba en las papeletas, su administración, la situación económica, el aumento del costo de vida y la guerra en Irán estuvieron entre los asuntos que marcaron las preocupaciones de los electores.
Trump niega que sea una derrota personal
En una entrevista telefónica en directo con Fox News, Trump manifestó su sorpresa por el resultado y rechazó que la victoria demócrata constituya un revés para él.
«No lo considero un revés para mí», afirmó, al defender los resultados de sus dos primeros años de gobierno. Según el mandatario, su administración ha registrado «los dos mejores años en la historia de la presidencia» en materia económica y en otros aspectos de su gestión.
Trump reconoció que los demócratas «hicieron un buen trabajo», aunque atribuyó parte de la derrota a la falta de capacidad de los candidatos republicanos para movilizar a sus electores.
«Pensé que les iría mejor», comentó, al referirse a los aspirantes de su partido. También reconoció que los elevados precios de la gasolina influyeron en el comportamiento de los votantes.
El presidente sostuvo que, si su nombre hubiera aparecido en las papeletas, los republicanos habrían conseguido una victoria contundente. Sin embargo, aseguró que está dispuesto a aceptar los resultados y manifestó su interés en trabajar con los demócratas en el Congreso.
Cuestionamientos dentro del Partido Republicano
La derrota abrió un nuevo escenario de tensiones dentro del Partido Republicano. Algunos dirigentes comenzaron a señalar a los funcionarios que impulsaron a Trump a iniciar la guerra con Irán, mientras otros consideran que el propio presidente es responsable del resultado adverso.
El comentarista conservador Ben Shapiro sostuvo que Trump sí estuvo, en la práctica, sometido al juicio de los electores, pese a no ser candidato.
«Creo que, en cierto modo, el presidente sí estaba en la boleta», expresó en su pódcast, al recordar que el mandatario había presentado previamente las elecciones como un referendo sobre su gestión.
Además, Trump responsabilizó a algunos candidatos por no haber conseguido el respaldo esperado y cuestionó públicamente a Greg Abbott, quien perdió la contienda por la gobernación de Texas frente a la demócrata Gina Hinojosa. En una publicación en Truth Social, afirmó que Abbott no habría perdido si no se hubiera convertido, según sus palabras, en un «republicano solo de nombre».
Un Congreso con mayor presencia demócrata
El triunfo de la oposición modifica el equilibrio de fuerzas en el Congreso y plantea un nuevo escenario para la segunda parte del mandato de Trump. Con los demócratas al frente de ambas cámaras, el presidente tendrá que afrontar mayores dificultades para impulsar su agenda legislativa.
Aunque Trump adoptó un tono conciliador al hablar de posibles acuerdos con sus adversarios políticos, también publicó en Truth Social una imagen de una gorra roja con la palabra «VETO», en una aparente alusión a su facultad constitucional para bloquear proyectos aprobados por el Congreso.
El resultado electoral deja, así, un mensaje político significativo: el respaldo que Trump pidió a sus seguidores durante la campaña no se tradujo en una victoria para los candidatos republicanos, y la oposición sale fortalecida para disputar el rumbo político de Estados Unidos en los próximos dos años.
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