El Niño podría dejar sin suficiente comida a 16 millones de personas en Latinoamérica


*El Programa Mundial de Alimentos advierte que el fenómeno climático podría agravar la inseguridad alimentaria en la región, mientras Centroamérica enfrenta una severa sequía que ya afecta cultivos y reservas de agua.

La sequía provocada por el fenómeno climático de El Niño podría dejar a unos 16 millones de personas adicionales en situación de inseguridad alimentaria en América Latina y el Caribe, según una advertencia del Programa Mundial de Alimentos (PMA) de Naciones Unidas.

La estimación fue presentada por Lena Savelli, directora regional del PMA para América Latina y el Caribe, durante una visita a Honduras, donde evaluó los efectos de la sequía y se reunió con autoridades del país.

“En esta región hablamos de 16 millones de personas que probablemente van a sufrir inseguridad alimentaria como consecuencia del impacto de El Niño”, señaló Savelli. A escala mundial, el organismo calcula que el fenómeno podría llevar a 49 millones de personas adicionales a una situación de inseguridad alimentaria aguda.

La preocupación se concentra especialmente en zonas donde las familias dependen de la agricultura de secano y tienen escasa capacidad para enfrentar períodos prolongados sin lluvias.

Un fenómeno que podría intensificarse

El Niño es un fenómeno climático natural asociado al calentamiento anormal de las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial. Ese cambio altera los patrones de circulación atmosférica y puede modificar las temperaturas y las precipitaciones en distintas regiones del planeta.

La Organización Meteorológica Mundial (OMM) informó el 3 de septiembre que El Niño ya está plenamente establecido y que se espera que continúe fortaleciéndose durante los próximos meses hasta alcanzar una intensidad muy fuerte, posiblemente hacia finales de 2026.

Los pronósticos de la organización sitúan en casi 100 % la probabilidad de que el fenómeno persista hasta febrero de 2027. La OMM, sin embargo, advierte que un episodio particularmente fuerte no significa que todos los países vayan a experimentar las mismas consecuencias, pues los efectos dependen de la ubicación, la época del año y de otros factores climáticos.

El PMA considera que las consecuencias sobre la alimentación podrían prolongarse incluso después del período de mayor intensidad del fenómeno, debido a su impacto sobre los ciclos de siembra y cosecha.

Centroamérica, entre las zonas más vulnerables

El análisis del PMA identifica a América Latina y el Caribe como una de las regiones que podrían experimentar uno de los mayores incrementos de la inseguridad alimentaria.

Dentro de ella, Centroamérica aparece como particularmente vulnerable, con una proyección de aumento proporcional de 83,1 % entre las poblaciones afectadas en los países analizados.

Honduras ofrece ya una muestra de las dificultades que puede generar el fenómeno.

En agosto, las autoridades hondureñas declararon alerta roja en 75 municipios por la sequía asociada a El Niño, mientras otros 71 quedaron en alerta amarilla y 88 en alerta verde. La medida contempla acciones para garantizar el acceso al agua, proteger la producción agropecuaria y atender a más de 134.000 familias afectadas.

La situación llevó además a que organismos internacionales estimaran que alrededor de 1,8 millones de hondureños, equivalentes a cerca de una quinta parte de la población del país, podrían enfrentar niveles de inseguridad alimentaria de crisis o peores entre agosto y octubre de 2026.

Prepararse antes de que llegue la crisis

El PMA y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) han insistido en la necesidad de actuar antes de que las pérdidas agrícolas se conviertan en una emergencia alimentaria.

En junio, ambas organizaciones lanzaron un llamamiento para adoptar medidas preventivas destinadas a proteger a casi nueve millones de personas en 22 países. Entre las acciones propuestas están las transferencias de dinero, la entrega de semillas resistentes a la sequía o las inundaciones, la protección del ganado y la instalación de sistemas para almacenar agua.

El PMA sostiene que las experiencias anteriores muestran que invertir anticipadamente en este tipo de medidas puede reducir las pérdidas y los costos posteriores de respuesta.

El desafío, por ahora, es evitar que una temporada marcada por sequías, altas temperaturas y cosechas comprometidas termine agravando una inseguridad alimentaria que ya afecta a millones de personas en distintos países de la región.


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