"El Niño" intenso podría provocar sequías y olas de calor en Colombia en la segunda mitad de 2026


*Modelos internacionales advierten sobre un evento que podría alcanzar niveles históricos, aunque persiste incertidumbre sobre su magnitud final y sus efectos en Colombia.

El comportamiento del clima en la segunda mitad de 2026 podría estar determinado por la llegada de un fenómeno de El Niño de gran intensidad. Así lo advierte el modelo estacional del Centro Europeo de Pronósticos Meteorológicos a Medio Plazo, que proyecta condiciones similares —e incluso superiores— a algunos de los episodios más fuertes registrados en las últimas décadas.

Según este análisis, el calentamiento del océano Pacífico ecuatorial podría alcanzar anomalías de hasta 2,5 °C hacia octubre, un nivel que se ubica dentro del rango de los eventos más intensos. Históricamente, los episodios considerados fuertes superan los 1,5 °C, mientras que aquellos que exceden los 2,0 °C suelen estar asociados con impactos climáticos significativos a escala global.

Eventos como los de 1982–83, 1997–98 y 2015–16 han marcado precedentes por sus efectos extremos. El caso de 1997–98, por ejemplo, es considerado el más intenso registrado, con anomalías cercanas a 2,8 °C y consecuencias severas en distintas regiones del mundo, incluyendo sequías prolongadas en Colombia.

Pronósticos con cautela

A pesar de la proyección del ECMWF, otras entidades internacionales llaman a la prudencia. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica estima en un 62 % la probabilidad de que se configure El Niño en 2026, aunque aún no define con certeza su intensidad.

En su informe más reciente, la agencia señala que existe aproximadamente una probabilidad de 1 en 3 de que el fenómeno alcance una categoría fuerte entre octubre y diciembre. No obstante, advierte que los modelos climáticos en esta época del año presentan menor precisión, por lo que las proyecciones pueden variar en los próximos meses.

Entre las señales que respaldan el posible desarrollo del fenómeno se encuentran el aumento del calor en el océano subsuperficial del Pacífico y el debilitamiento previsto de los vientos alisios, condiciones típicas que favorecen la transición hacia un evento cálido.

Impactos esperados en Colombia

El fenómeno de El Niño se caracteriza por el calentamiento anormal de amplias zonas del Pacífico tropical, lo que altera la circulación atmosférica y modifica los patrones de lluvia a nivel global. En Colombia, este cambio suele traducirse en una reducción de las precipitaciones y un aumento de las temperaturas.

De consolidarse un evento de gran magnitud, el país podría enfrentar un escenario opuesto al de inicios de 2026, cuando predominaban lluvias intensas e inundaciones. En su lugar, se esperaría un déficit de lluvias, especialmente en regiones como el Caribe, la Andina y el Pacífico.

Uno de los principales riesgos asociados es el incremento de incendios forestales, debido a la combinación de altas temperaturas, baja humedad y vegetación seca. Ecosistemas estratégicos como bosques, páramos y selvas podrían verse particularmente afectados.

Asimismo, la disminución de los caudales de ríos y embalses podría impactar el suministro de agua potable en varias zonas del país, además de ejercer presión sobre el sistema energético, que depende en gran medida de la generación hidroeléctrica.

El sector agropecuario también figura entre los más vulnerables. La reducción de lluvias afecta los ciclos de cultivo y la disponibilidad de pastos, lo que podría traducirse en una menor producción de alimentos y afectaciones económicas en zonas rurales.

Un fenómeno en evolución

Pese a las señales actuales, los expertos coinciden en que la magnitud definitiva del fenómeno solo podrá confirmarse a medida que evolucione en los próximos meses. Para que El Niño sea catalogado como de gran intensidad, las anomalías deben mantenerse por encima de los 2 °C durante varios meses consecutivos.

Por ahora, el escenario combina advertencias de un posible evento fuerte con un margen importante de incertidumbre. Sin embargo, las proyecciones ya encienden las alertas sobre la necesidad de prepararse ante un fenómeno que, de consolidarse, podría tener efectos significativos en el clima, la economía y los recursos naturales de Colombia.


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