El pronunciamiento del mandatario se produjo durante un Consejo de Ministros transmitido el 13 de abril de 2026, en el que cuestionó el sentido de la expresión en relación con su visión sobre el mercado y la dignidad humana.
“A mí me sacó la chispa Shakira cuando dijo ‘las mujeres facturan’. Yo dije: ‘pues el cuerpo no se vende, porque es de la vida, no del mercado’”, afirmó el jefe de Estado, generando una inmediata reacción en sectores políticos y sociales.
Respuesta desde la oposición
Las declaraciones provocaron la respuesta del abogado y aspirante presidencial Abelardo de la Espriella, quien salió en defensa de la cantante y cuestionó la interpretación del presidente.
A través de un mensaje en la red social X, De la Espriella elevó el tono del debate: “Petro, respeta. Shakira no es un eslogan. Es fuerza, grandeza y resiliencia hecha mujer”, escribió.
El jurista rechazó que la frase tuviera una connotación relacionada con la comercialización del cuerpo y calificó esa lectura como una distorsión del mensaje original. “Reducir esa frase a una insinuación sexual exige una mente retorcida y un desprecio profundo por la inteligencia femenina”, agregó.
El pronunciamiento se suma a una serie de críticas desde la oposición frente a las intervenciones del mandatario, que en esta ocasión tocaron una figura de alto reconocimiento internacional como Shakira.
El origen de una frase global
La expresión “las mujeres no lloran, las mujeres facturan” se convirtió en un fenómeno cultural tras el lanzamiento en 2023 de la sesión musical junto a Bizarrap. El tema no solo alcanzó cifras récord de reproducciones, sino que también abrió un debate social sobre el papel de la mujer frente al dolor emocional y la autonomía personal.
La canción, que incluyó referencias a la mediática separación de Shakira con el exfutbolista Gerard Piqué, conectó con audiencias globales al transformar una experiencia personal en un mensaje de empoderamiento.
El término “facturar”, dentro de la narrativa de la canción, trascendió su significado económico para convertirse en símbolo de independencia, resiliencia y capacidad de reinventarse tras una ruptura.
Según se ha conocido, la frase surgió durante el proceso creativo junto al compositor colombiano Keityn, con la intención de romper el estereotipo de la mujer que sufre en silencio y proponer una visión más activa frente al duelo emocional.
Un debate que trasciende la música
Más allá del cruce político, la controversia refleja dos visiones distintas sobre el significado de la frase. Mientras el presidente Petro la interpreta desde una crítica al modelo de mercado y la cosificación, sectores de la oposición y seguidores de la artista la consideran una reivindicación del poder femenino.
La discusión también pone en evidencia el impacto de la cultura popular en el debate público y político del país, donde una canción puede convertirse en punto de confrontación ideológica.
Shakira, por su parte, ha explicado en diferentes escenarios que su intención fue cuestionar las expectativas tradicionales sobre cómo las mujeres deben afrontar el dolor, defendiendo la posibilidad de convertir esas experiencias en crecimiento personal, creación artística e independencia económica.
Reacciones y contexto
El intercambio ha generado múltiples reacciones en redes sociales, donde seguidores del Gobierno y de la oposición han debatido sobre el alcance de las palabras del presidente y la respuesta del abogado.
El episodio ocurre en un contexto de alta polarización política en el país, donde cualquier declaración de figuras públicas —especialmente del presidente— tiende a generar amplias repercusiones.
Por ahora, ni Shakira ni su equipo han emitido una respuesta directa frente a las declaraciones del mandatario o al cruce político posterior. Sin embargo, la controversia vuelve a ubicar a la artista en el centro del debate público, esta vez no por su música, sino por el significado que distintos sectores le atribuyen a una de sus frases más icónicas.
En medio de la discusión, lo cierto es que la expresión sigue vigente como un símbolo cultural que, más allá de interpretaciones, continúa generando conversación tanto en el ámbito social como político.

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