De Popayán a Cali: el recorrido que llevó la posesión de Abelardo de la Espriella al suroccidente


*La ceremonia presidencial llegó a la capital del Valle después de varias semanas de cambios de sede, debates jurídicos, dificultades logísticas y la alerta naranja del volcán Puracé. La decisión también adquirió un fuerte significado político y territorial.

Redacción PlayNoticiasPlus

La posesión presidencial de Abelardo de la Espriella en Cali fue el desenlace de un proceso que durante varias semanas tuvo diferentes escenarios sobre la mesa y que estuvo marcado por decisiones políticas, consideraciones jurídicas, dificultades logísticas y las condiciones de seguridad y ambientales del suroccidente colombiano.

La ceremonia no estaba inicialmente prevista para la capital del Valle. Desde la campaña, De la Espriella había anunciado su intención de posesionarse en una guarnición militar, como homenaje a los integrantes de la Fuerza Pública y a las regiones que han sufrido durante décadas los efectos del conflicto armado.

La primera alternativa fue Popayán, capital del Cauca.

Popayán, la primera opción

El Senado llegó a aprobar con 55 votos a favor la solicitud para trasladar hasta Popayán la ceremonia de posesión, convirtiendo temporalmente a la ciudad en el escenario previsto para el acto.

Sin embargo, la alternativa militar terminó enfrentando varios obstáculos.

Uno de ellos fue la situación del volcán Puracé, que se encontraba en alerta naranja y registraba emisiones de ceniza que afectaban la operación del aeropuerto de Popayán.

A esto se sumó la posición del entonces presidente Gustavo Petro, quien se negó a autorizar el uso de instalaciones militares mientras conservara el mando de las Fuerzas Armadas, es decir, hasta la medianoche del 6 de agosto.

También surgieron cuestionamientos jurídicos. En el Congreso hubo voces que consideraron que la posesión presidencial no podía realizarse dentro de una guarnición militar.

La combinación de estos factores terminó dejando sin piso la propuesta inicial.

Cali tomó el relevo

El 27 de julio, De la Espriella anunció el cambio de escenario y confirmó que, aunque no se realizaría la ceremonia en una guarnición militar, su intención de llevar el acto al territorio se mantenía.

Ese mismo día, la representante Carol Borda, de Salvación Nacional, radicó ante la Cámara de Representantes una proposición para trasladar la sesión solemne a Cali.

La Cámara aprobó la iniciativa el 28 de julio, con 117 votos a favor y siete en contra. Al día siguiente, el Senado hizo lo propio, con lo que quedó autorizado el traslado extraordinario del Congreso a la capital del Valle del Cauca.

La decisión encontró sustento en una interpretación de la Constitución y de las normas que regulan el funcionamiento del Legislativo: el presidente debe prestar juramento ante el Congreso, pero la Carta Política no establece que ese acto tenga que realizarse obligatoriamente en Bogotá.

Los artículos 192 y 140 de la Constitución, junto con el artículo 33 de la Ley 5 de 1992, fueron citados como fundamento para permitir el traslado excepcional de la sede del Congreso, limitado a la sesión correspondiente a la posesión.

Un precedente institucional

El cambio de sede también abrió un debate que va más allá de la ceremonia presidencial.

El abogado constitucionalista Fernando Luna señaló que los actos de Estado no solamente tienen consecuencias jurídicas, sino que también transmiten mensajes sobre la manera como se entiende el ejercicio del poder y la relación entre las instituciones y las diferentes regiones del país.

Desde esa perspectiva, el traslado de la posesión puede interpretarse como un gesto de descentralización y de acercamiento del Estado a los territorios.

Sin embargo, Luna advirtió que, precisamente por tratarse de una decisión excepcional, podría convertirse en un precedente para futuras ceremonias.

Según el jurista, cualquier modificación similar debería estar respaldada por criterios objetivos de interés general, como razones de seguridad, descentralización, presencia efectiva del Estado en las regiones o conveniencia pública, evitando que este tipo de decisiones sean interpretadas como respuestas a intereses políticos coyunturales.

El abogado también planteó una discusión relacionada con el discurso de austeridad promovido por el nuevo Gobierno. Una ceremonia presidencial fuera de Bogotá implica requerimientos adicionales de seguridad, desplazamiento de autoridades, personal de apoyo y coordinación institucional, aspectos que deben ser analizados frente al propósito de reducir el gasto público.

El mensaje político de Cali

La escogencia de Cali tampoco estuvo exenta de lecturas políticas.

De la Espriella justificó su decisión señalando que el suroccidente colombiano ha sufrido especialmente los efectos del narcoterrorismo y que la región debía sentir, desde el comienzo de su Gobierno, la presencia del nuevo mandatario.

El contexto electoral de la ciudad también fue relevante. El Valle del Cauca tuvo una marcada inclinación por el petrismo en las dos últimas elecciones presidenciales y Cali fue uno de los principales escenarios de las movilizaciones y hechos de violencia registrados durante el paro nacional de 2021.

Para Damarix Pabón, profesora de Comunicación Política de la Universidad Sergio Arboleda, el traslado tiene principalmente un valor simbólico.

La académica considera que la decisión proyecta la imagen de un presidente que pretende gobernar para todo el país y que busca desplazar el centro de las decisiones políticas más allá de Bogotá.

El mensaje, según Pabón, tiene dos componentes: mostrar que el nuevo Gobierno se dirige a todos los colombianos, incluso a territorios que electoralmente no le fueron favorables, y plantear que Bogotá no debe concentrar todo el poder institucional.

Pero la profesora también advierte que el verdadero desafío estará después del acto protocolario: que la presencia presidencial en las regiones se traduzca en políticas públicas y beneficios concretos para sus habitantes.

El homenaje a la Fuerza Pública cambió de escenario

Aunque finalmente la ceremonia no se realizó en una instalación militar, el homenaje a los integrantes de la Fuerza Pública permaneció dentro de la agenda del nuevo mandatario.

Después de la posesión, De la Espriella tenía previsto trasladarse al Cantón Militar Pichincha, ubicado a unos 2,6 kilómetros del lugar de la ceremonia, y posteriormente visitar la Base Aérea Marco Fidel Suárez.

Esta última instalación fue atacada un año antes por disidencias de las extintas FARC mediante un camión bomba, hecho que dejó siete personas muertas.

De esta manera, el recorrido diseñado para el comienzo del nuevo Gobierno conservó parte del propósito planteado inicialmente por De la Espriella: llevar la ceremonia presidencial al suroccidente y rendir homenaje a la Fuerza Pública, aunque finalmente la juramentación ante el Congreso se realizó en un escenario civil.

Más que un cambio de escenario

El traslado de la posesión presidencial a Cali terminó convirtiéndose en una de las primeras decisiones institucionales con las que comenzó el nuevo Gobierno.

Lo que inicialmente fue una propuesta para realizar el juramento en una guarnición militar terminó transformándose en una ceremonia extraordinaria fuera de Bogotá, respaldada por el Congreso y acompañada de un debate sobre descentralización, austeridad, seguridad, legalidad y representación territorial.

Ahora, el principal desafío será determinar si el significado político del traslado trasciende el acto protocolario y se refleja en decisiones concretas para el suroccidente y para las demás regiones del país.


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