Desde Washington, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, abrió una ventana de siete días para definir su próximo movimiento en la escalada militar contra Irán, en medio de un escenario marcado por la incertidumbre diplomática y el riesgo de una mayor expansión del conflicto en Medio Oriente.
La Casa Blanca apuesta a que una mediación impulsada por Pakistán logre un cese del fuego antes del 6 de abril. Sin embargo, si ese intento fracasa, el mandatario ya cuenta con un abanico de opciones militares diseñadas por el Pentágono.
Objetivos: uranio y control energético
Entre las prioridades estratégicas de Washington figuran dos objetivos clave: incautar el uranio enriquecido iraní y garantizar la libre navegación en el estrecho de Ormuz, actualmente bajo presión del régimen de Teherán.
Según estimaciones oficiales, Irán dispone de unos 600 kilos de uranio enriquecido —400 al 60% y 200 al 20%— que podrían ser llevados rápidamente a niveles aptos para fabricar entre siete y diez armas nucleares.
Parte de este material estaría resguardado en instalaciones subterráneas en Isfahán y Natanz, protegidas por formaciones montañosas que complican cualquier operación militar directa.
Despliegue militar y límites operativos
El Pentágono ya ha desplegado cerca de 7.000 efectivos en la región, entre marines y paracaidistas, y no se descarta el envío de hasta 10.000 soldados adicionales.
Aun así, el número de tropas resulta limitado frente a la magnitud de una eventual operación en Irán, un país con mayor extensión y complejidad geográfica que Irak, donde en 2003 se desplegaron más de 150.000 soldados bajo la administración de George W. Bush.
Kharg, el punto más sensible
Otra de las alternativas en estudio es la captura de la isla de Kharg, un enclave estratégico para la exportación de petróleo iraní. La operación permitiría a Estados Unidos controlar el flujo energético sin destruir la infraestructura, evitando así un impacto inmediato en los precios del crudo.
Sin embargo, se trata de una maniobra de alto riesgo. Irán considera la isla como un punto vital y se espera que su defensa sea contundente en tierra, mar y aire, lo que podría convertir la operación en un escenario de alto costo militar.
“Quizá tomemos la isla de Kharg, quizá no. Tenemos muchas opciones”, señaló Trump recientemente.
Diplomacia en punto muerto
Mientras tanto, los esfuerzos diplomáticos no han mostrado avances concretos. Un reciente encuentro entre cancilleres de Pakistán, Egipto, Turquía y Arabia Saudita en Islamabad concluyó sin resultados tangibles.
Teherán, por su parte, desconfía de la mediación y la interpreta como una estrategia de Washington para ganar tiempo antes de una ofensiva.
Cuenta regresiva
Con posiciones profundamente enfrentadas y sin señales claras de acuerdo, el escenario apunta a una definición en el corto plazo.
Si no se logra un entendimiento tras las festividades de Pascua, el 6 de abril podría convertirse en una fecha clave para el conflicto, con el riesgo de una escalada militar que tendría consecuencias directas sobre la estabilidad regional y la economía global.

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